Más de 20.000 millas después: así avanza la Vuelta Vertical
Cuando zarpamos de Castellón, la Vuelta Vertical era una idea enorme dibujada sobre un mapa.
Hoy, después de navegar más de 20.000 millas, atravesar cuatro océanos y enfrentarnos a algunas de las condiciones más duras que he vivido a bordo, ese sueño ya se está convirtiendo en realidad.
Y también en una experiencia profundamente transformadora.

Desde nuestra salida del Mediterráneo hemos ido enlazando etapas completamente distintas.
Primero pusimos rumbo sur por el Atlántico. Después llegó la aproximación a la región antártica, el cruce del Atlántico Sur, el océano Índico y, ahora, estamos cerca de completar la navegación por el Pacífico Sur.
Todavía miro el mapa y me cuesta creer todo lo que hemos recorrido.
Pienso en lo vivido y siento que muchas de estas historias son las que antes leía en los libros. Ahora puedo compartirlas como experiencias propias.
Cuatro océanos y algunos de los lugares más remotos del planeta
Durante estos meses hemos dejado atrás lugares y puntos geográficos que siempre habían parecido muy lejanos.
Hemos navegado frente al cabo de Buena Esperanza y el cabo Leeuwin. Hemos pasado del meridiano 0 al meridiano 180, incluyendo el cambio de fecha, y llegamos hasta las proximidades del remoto Punto Nemo.
Ahora avanzamos por las grandes latitudes del sur, entre los llamados 40 Rugientes y 50 Bramadores.
Esquivamos por el norte una gran borrasca situada al sur y convivimos con un estado de la mar que, de alguna manera, ya empieza a parecernos normal.
Fuera, el océano ruge.
Dentro, seguimos cocinando, haciendo guardias y manteniendo el ritmo de la vida a bordo con una calma sorprendente.
Hoy, por ejemplo, hemos preparado el último bizcocho de esta travesía.
57 días sin salir del barco

Llevamos 57 días embarcados sin salir del barco. Nos quedan unas 1.200 millas para terminar esta segunda gran etapa de la Vuelta Vertical: la navegación desde Argentina hasta Chile rodeando la Antártida.
Sin duda, ha sido la etapa más accidentada hasta el momento.
Hemos navegado con vientos superiores a 60 nudos, avanzado entre icebergs y soportado un mar que nos ha recordado varias veces quién manda en estas latitudes.
La ola monstruosa del Atlántico Sur
En el Atlántico Sur, alrededor de la latitud 52º Sur, una ola aislada de aproximadamente diez metros de altura estuvo cerca de comprometer gravemente el proyecto.
Este tipo de ola se conoce como ola monstruosa o freak wave.
El golpe nos dejó sin balsa salvavidas, sin comunicaciones y con varios daños a bordo.
La situación nos obligó a abortar la misión antártica e iniciar una navegación de aproximadamente 1.900 millas hasta Argentina.
Fueron doce días sin comunicaciones y sin acceso a información meteorológica.
Paradójicamente, y a pesar de la dificultad, fue una de las etapas que más disfruté.
Navegar completamente conectada con la naturaleza, con todos los sentidos alerta y confiando más que nunca en el instinto, fue una experiencia difícil de explicar.
Durante aquellos días no había mensajes, partes meteorológicos ni información exterior.
Solo el barco, el océano y nosotros.
El Índico tampoco nos lo puso fácil
Ya en el océano Índico, otro golpe de mar dejó a Miguel con una herida abierta en la cabeza.
Afortunadamente, todo quedó en un susto y se encuentra bien.
Pero el episodio volvió a recordarnos la fuerza con la que las olas pueden golpear en estas latitudes. En general, terminamos aquella etapa bastante magullados.
Estas olas no perdonan.
La vida sigue dentro del barco
A pesar de todo, la vida a bordo continúa siendo buenísima.
Después de más de cincuenta días embarcados, la alimentación también ha cambiado.
Se han terminado los productos frescos, las cosas para picar y muchos de esos pequeños alimentos que hacen más variado el día a día.
Ha llegado el momento de controlar las provisiones y racionar parte de la comida para asegurarnos de que todo alcance hasta la llegada.
Y, aun así, el ambiente dentro del barco sigue siendo increíble.
Siete personas, cuatro países y un mismo objetivo

Esta etapa por los mares del sur la estamos haciendo siete personas a bordo. La tripulación está formada por:
- Pedro, capitán
- Víctor, de España
- Miguel, de Uruguay
- Puchi, de Argentina
- Adri, de España
- Yammel, de México
- Y yo, Paula
Sinceramente, no podría haber imaginado una convivencia mejor.
Todos hemos sabido lidiar con la incomodidad, la falta de confort, el cansancio y la intensidad de los momentos difíciles.
Hemos aprendido a darnos espacio, a favorecer la comunicación y a navegar juntos por un objetivo común.
En un barco, y especialmente durante una etapa tan larga, la convivencia puede convertirse en uno de los grandes desafíos.
En nuestro caso, está siendo una de las mejores partes de esta experiencia.
Navegando a más de nueve nudos por el Pacífico Sur
En el momento de escribir estas líneas nos encontramos en la posición: 44º 56’ S, 104º 09’ W.
Navegamos con entre 30 y 32 nudos de viento por la aleta, el cuarto rizo en la vela mayor y el génova entangonado, reducido aproximadamente al 40 %.
Nuestra velocidad media es de 9,1 nudos.
El barco continúa avanzando hacia Chile mientras dejamos atrás, milla a milla, esta enorme etapa por los mares del sur.
La ruta recorrida hasta ahora
El trazado de nuestra navegación empieza ya a ocupar buena parte del mapa del mundo.

Desde España descendimos por el Atlántico hasta Sudamérica. Después navegamos hacia las grandes latitudes australes, cruzamos el Atlántico Sur y el Índico y continuamos hacia el este por el Pacífico Sur.
Cada punto de esa línea representa días de navegación, guardias, reparaciones, decisiones meteorológicas y momentos que difícilmente olvidaremos.
La próxima parada: Valdivia
Si todo avanza como esperamos, alrededor del 3 de mayo llegaremos a Valdivia, en Chile.
Será una parada breve e intensa, casi como entrar en boxes.
Tendremos que comprar material, realizar reparaciones, revisar el barco y preparar la siguiente etapa.
Después comenzará una travesía completamente diferente: Chile–Alaska a dos.
Una nueva etapa, un nuevo océano por delante y otra forma de vivir la Vuelta Vertical.
Todo está sucediendo muy rápido.
Está siendo muy exigente y, al mismo tiempo, una locura maravillosa.
Gracias por seguir ahí, al otro lado.



